La incidencia del estrés en la dieta

Cuando el régimen alimentario y el ejercicio regular no alcanzan

Llega la primavera y comienzan a proliferar los avisos del tipo: “cómo bajar los kilos acumulados en el invierno”, los nutricionistas a confeccionar las dietas a medida y el control de las “calorías” se vuelve un tanto obsesivo.
He escuchado infinidad de veces las quejas de mis pacientes por el poco éxito de sus dietas y es que sólo con la dieta y el ejercicio regular no basta.
El funcionamiento del cuerpo humano es no sólo multifuncional sino además sumamente complejo; sin embargo, no se suele tener en cuenta la influencia del estrés en el aumento de peso. 
El estrés es un estado emocional que si bien es psicológico, tiene intima relación con lo biológico al repercutir en la química del organismo. 
Nuestro cuerpo produce sustancias químicas  que pueden determinar lo que vamos a comer y la forma de almacenar la grasa del cuerpo.
Es por eso que es necesario comprender cómo se comportan ciertas hormonas.
La grelina, también conocida como la hormona del hambre, es segregada por nuestro estómago. Su concentración en el torrente sanguíneo se dispara antes de comenzar la comida y comienza a disminuir cuando el estómago se va llenando. 
La leptina es la encargada de auto regular la ingesta de los alimentos. Esta hormona es producida por las células grasas de nuestro organismo. Cuánta más grasa tenemos, más kilos ganamos y más leptina fabricamos. 
Las personas que duermen menos de ocho horas tienen una disminución de su concentración de leptina, un aumento de grelina y un índice de masa corporal más elevado (tres kilos de más para una persona de 1,70m). 
El péptidos, conocido como hormona anti hambre, controla la saciedad. Se trata de un “cortahambre” muy potente liberado por el intestino después de cada comida aportando sensación de saciedad. 
La glp1 es liberada casi  instantáneamente cuando absorbemos la comida, provoca la secreción de insulina. La hormona que regula  nuestra glucemia además se encarga de reducir el vacío gástrico y aumenta la sensación de saciedad.
Las hormonas tiroideas son las que regulan el termostato de nuestro metabolismo: cuando su actividad es muy débil, quemamos menos calorias, el resultado es fatiga, frío y kilos de más sin causa aparente. 
El cortisol es conocido como la hormona del estrés. Ante una situación de estrés el organismo genera la necesidad de ingerir grasas y azucarados.
Pero eso no es todo, debemos tener en cuenta al “segundo cerebro”: el intestino.
El estrés es el resultado de las alteraciones de su conexión entre su cerebro y su intestino, lo cual puede contribuir o provocar de manera directa una serie de trastornos gastrointestinalales.
Los mastocitos (mc) son importantes efectores del eje cerebro-intestino que traducen las señales del estrés en la liberación de una amplia variedad de neurotransmisores y citoquinqs proinflamatorias que podrían afectar profundamente la psicología gastrointestinal.
El Harvard Healthbeat ha reunido una lista de síntomas físicos, conductuales y emocionales del estrés.
Transcribir la lista no es el tema de esta nota, pero sí consignar que  el aumento de peso es uno de los síntomas de la lista. 
Para reducir el estrés con una alta tasa de éxito es preciso incorporar, como lo recomienda la neurociencia,  la ancestral tríada de la filosofía  zen: la respiración, la relajación y la meditación. 
Para evitar que los aspectos psicológicos negativos repercutan en el sobrepeso recuerda incorporar a la dieta y al ejercicio regular la tríada zen que es fácil y es gratis.

Perla Marzano
Psicóloga- sexóloga
Psicocardióloga