Gerometría de la sexualidad femenina

Si comenzamos por medir la edad promedio de la mujer en relación con el hombre, la mujer vive más que el varón; entre las personas de 65 ó más años hay dos mujeres por cada hombre y la expectativa de vida a esa edad para las mujeres es de 15,9 años (datos estadísticos, Argentina, 1988).

Pero la mujer envejece más pronto, siendo su tercera edad más difícil por razones económicas, sociales y psicológicas.

Las mujeres son muy sensibles a los síntomas de envejecimiento, acentuados por la presión de los valores sociales de juventud, belleza y vigor (“estrechez estética, sólo las jóvenes son hermosas) que no les permiten aparentar la edad que tienen.

Esto hace que en algunos casos opten por sumirse en la soledad por no saber qué hacer con todos los años suplementarios o prolonguen sus intereses en el ámbito familiar o acepten el reto y elijan libremente cómo capitalizar eso que ven tan negado como la posibilidad de su realización personal, particularmente en el plano afectivo y sexual; reafirmándose por medio de una redefinición de la belleza que incluye la forma de expresarse, el toque personal, su porte, su carácter, su expresión verbal, su decir inteligente, sus grandes aptitudes sociales y su experiencia de vida.

El acontecimiento que actúa a manera de disparador en la vida de la mujer es el climaterio. Del griego escalera, peldaños que descienden hacia la senectud, etapa genital de madurez y senescencia. Fenómeno fundamental y profundo de todo el organismo que justifica el nombre de “edad crítica”, el climaterio en muchos casos reverbera ardores juveniles reprimidos durante la vida genital activa.

Así como la adolescente sueña con un hombre de tipo paternal, en la menopausia existen sueños que ponen en escena jóvenes amantes, el mágico retorno de aquel hombre inaccesible en la juventud.

Si al decir de Marañón, “cada mujer realizará un climaterio distinto según su propia constitución endócrina”, a nuestro decir podemos agregar; según la información, conocimientos, experiencias, autoestima y claridad de los propios derechos sin límite de edad, derecho a ocupaciones porque es capaz de trabajar, derecho a privacidad e intimidad porque es capaz de amar; derecho al placer, satisfacción y utilidad; y a este derecho que se conquistó al nacer y se perdió míticamente; el derecho al sexo, posible de ser enriquecido por todos los matices que en esta etapa se está en condiciones de dar ya que la relación sexual es cada vez más reconocida como un aspecto rico y vital de la vida humana, no como posesión del joven sino perteneciente a la realidad de la vida. Si hay una diferencia es de estilo.

Para tener una visión holística del climaterio haremos en primer lugar en análisis por la ginecología, la sexología y la geriatría y en segundo lugar una síntesis de enfoque humanístico existencial alrededor de esta etapa donde la mujer, aunque tenga que enfrentarse con el envejecimiento y no pueda detener el proceso, aunque tenga que afrontar cambios en la organización familiar y aunque el marido se comporte como un buen viejo solterón, adquiere la madurez psico-sexual, antes o después de la menopausia.

Desde la ginecología

Para un mejor estudio del climaterio se lo divide en tres momentos fundamentales:

a) Fase pre-menopáusica

b) Fase menopáusica

c) Fase posmenopáusica

Situada comúnmente en la parte central del climaterio, la menopausia o cesación de la regla es un hecho externo y sólo considerando como tal después de seis meses de amenorrea.

a) Fase pre-menopáusica

Período anterior a la suspensión de la regla.

Aparición de ciertos fenómenos involutivos.

En más del 85% de las mujeres se presentan bochornos. Para muchas mujeres estos bochornos son ligeros y causan poca molestia, para otras son frecuentes e interfieren en la vida diaria, no influyen en la salud, sí en el humor. Bruscamente sienten caliente la cara y el cuello en progresión hacia el tórax, seguido de escalofrío y sudación. Algunas se quejan de aturdimiento, vértigo, cefaleas, palpitaciones y náuseas inmediatamente después del bochorno.

b) Fase menopáusica

Inicia la crisis climatérica.

Fase de desequilibrio endócrino.

Se altera y decae la secreción ovárica, así como también hay alteración en hipófisis, tiroides y suprarrenales. Hay alteración del ritmo menstrual. Este desequilibrio ovárico está clasificado según la cantidad de estrógenos en:

1. Ovario normoestrógeno

2. Ovario hipoestrógeno

3. Ovario hiperestrógeno

La mayoría de las veces se produce la menopausia sin que el ovario deje de segregar hormona, es decir, hay amenorrea aún con formación estrogénica.

c) Fase posmenopáusica

Ovario totalmente inactivo.

En un 70% de las mujeres después del climaterio la actividad estrogénica sufre un descanso gradual. La medida de la menopausia la da la menstruación, en cambio la medida del climaterio está dada por cómo está la mucosa vaginal; ésta se vuelve atrófica, alterada y con decamación patológica.

A diferencia del concepto clásico que consideraba al organismo de la mujer menopáusica carente de actividad estrogénica, las investigaciones modernas demuestran que mucho después de la menopausia hay producción activa de estrógenos; esto se comprueba por:

a) Hallazgo de estrógenos en la orina

b) Demostración de actividad en el endometrio

c) Estudio de frotis vaginalis

Etapas finales: estrógenos mínimos, pregnandiol ausente y gonadotrofinas todavía elevadas.

Termina el climaterio con la adaptación del organismo a la falta de función de sus gonadas, que da comienzo a la senectud.

Los cambios anatómicos relevantes son:

-Atrofia progresiva de ovario con desaparición del cuerpo amarillo y de los grandes folículos.

-En el útero cambio del endometrio que se reduce a una película fina.

-El útero cae frecuentemente en retroversión.

-En la vagina hay atrofia del epitelio, retracción de la bóveda vaginal e hipoacidez.

-En la vulva, atrofia del tegumento y atrofia del cuerpo fibrograsoso de los labios mayores en las etapas finales.

-Pérdida de la lozanía de la piel y vello facial.

-Aumento de adiposidad en el bajo vientre, cadera y nalgas.

Los síntomas asociados con la menopausia son: nerviosidad, irritabilidad, depresión, insomnio y fatiga.

La nerviosidad incluye excitabilidad anormal e inquietud mental y física. La ansiedad se manifiesta por una sensación de aprensión, inseguridad y miedo más una gran preocupación por la edad.

La irritabilidad es una respuesta anormal a estímulos ligeros y sin importancia.

Los síntomas por excelencia son la depresión, dificultad para tomar decisiones, apatía, inquietud interna, retraso psicomotor, pérdida de libido, labilidad, ciclotimia, disminución de la productibilidad y el espíritu constructivo y disminución de reacciones emocionales, frustración interna, incapacidad de sentirse satisfecha junto a una incapacidad de sentirse como antes, pérdida de la femineidad, conductas inapropiadas antes las dificultades laborales del amrido y sentir como que la vida “casi se ha acabado” cuando los hijos abandonan el hogar y, en general, ver todo de un tinte gris y triste.

En la depresión interviene una disminución de la actividad noradrenérgica cerebral, el estrógeno desempeña algún papel en la síntesis y liberación de prostaglandinas en el cerebro que reducirán la acción de la noradrenalina. La deficiencia de estrógenos puede empeorar y agravar los cambios psíquicos. La terapia se tratará como cualquier depresión, si hay un predominio de insuficiencia estrógena se aplica terapia hormonal sustitutiva.

Si hay falta de libido y de participación activa al acto se administran andrógenos, por ejemplo 50mg de testosterona retardo cada 20 días por tres meses.

En cuanto al insomnio, es más una queja que algo relacionado con una insuficiencia gonadal. Generalmente es un episodio que aparece por ese drama de la vida de una mujer de 50 o más años; “la falta de cariño” y así, más decepcionada que nunca, sintiéndose no amada se sobreexcita y es incapaz de dormir sin un somnífero.

Desde la sexología

Vemos primer que hasta que William H. Masters y Virginia E. Johnson comenzaron sus investigaciones en 1954, la anatomía y fisiología de la capacidad y actuación de la mujer durante y después de la menopausia no se había estudiado; segundo, que hay un  trato de gran respeto por la mujer, que no es menopáusica ni vieja, es añosa, término incorporado por M. y J.; tercero, que la mujer añosa puede presentar una respuesta sexual normal a nivel orgásmico, sobre todo si se mantiene un ritmo por efectiva estimulación, es decir, que no existen motivos para que la menopausia sea un período de traba en la capacidad, desempeño e impulso sexual; cuarto, que hay que destruir el concepto de que las mujeres que se encuentran entre los 50 y 70 (o más años) no sienten ningún interés o no mantienen un alto nivel de excitación sexual; quinto, que las mujeres siguen siendo a lo largo de toda su vida capaces de múltiples orgasmos y tienen esencialmente una característica: no tienen período refractario o compás de espera; sexto: desde el punto de vista puramente fisiológico, la libido debería, teóricamente, incrementarse en la menopausia debido a la acción de los andrógenos femeninos, que no se hallan afectados por ella y no tienen la oposición de los estrógenos; séptimo: si hay abstinencia ésta no se debe a razones biológicas sino a factores sociales y psicológicos; octavo: la fantasía puede adquirir más importancia en el erotismo; noveno: la utilización de la libido va a depender de factores concomitantes en la menopausia como ser cambios fisiológicos, oportunidades sexuales y disminución de las inhibiciones; décimo: que la intensidad y tal vez la calidad de la respuesta sexual puede variar en cada etapa cronológica; y undécimo: según palabras textuales de M. y J. “La mujer añosa normal, sana, tiene un impulso sexual que debe ser resuelto”.

Es obvio esperar cambios fisiológicos en la mujer añosa, aunque hay algunas respuestas similares a las de la mujer joven durante las relaciones sexuales. Así, en la mujer añosa hay erección del pezón igual que en la joven así como la ingurgitación de la areola pero con menor intensidad de la reacción y con tumefacción unilateral.

La respuesta clitorídea es similar; en estadio tardío hay pequeña disminución de su tamaño en largo, aumento del cuerpo esponjoso, en algunos casos duplicando el diámetro. Sí es más sensible a irritaciones. Si bien la vagina, por el envejecimiento, se ve alterada en longitud y anchura y disminuye su expansividad, conserva sin embargo la potencial expansión involuntaria (esto se protege con las técnicas de reemplazo de esteroides sexuales). Sin embargo existen mujeres que a pesar de la falta de un reemplazo adecuado de esteroides sexuales continúan funcionando efectivamente, con sexualidad óptima entre los 50 y los 70 (o más años). La insuficiencia clínica de esteroides en la mujer mayor se puede probar por:

-Constricción de la vagina

-Pérdida y mucosidad del revestimiento mucoso vaginal con respuesta irritativa y dolorosa

-Reducida producción de secreción vaginal

-Menor contracción espasmódica del útero

-Menor duración del orgasmo

La constricción de la vagina, la pérdida de su espesor y mucosidad y la reducida producción de secreción vaginal no ofrecen la amortiguación anatómica necesaria como para proteger a la uretra y la vejiga de la irritación que provoca el pene produciendo la “cistitis de la recién casada”.

Las paredes vaginales se vuelven finas y atróficas, no rugosas y de color rosado, todo lo contrario de la mujer joven que es rugosa y púrpura.

En su fase orgásmica produce 4 ó 5 contracciones contra 8 ó 12 de las mujeres jóvenes. La fase resolutiva es rápida así como el colapsado. La plataforma orgásmica se desarrolla en las mujeres de todas las edades; una vez desarrollada al máximo, lo que varía es la luz de la vagina senil.

La secreción vaginal en la mujer joven se obtiene en 15 ó 30 segundos posteriores al comienzo a la fase de excitación mientras en las mujeres mayores tardan 1 a 5 minutos.

La mujer en climaterio disminuye considerablemente la producción de secreción vaginal; hay dos mecanismos aplicados:

1. Como parte de la disminución de la respuesta física a medida que envejece.

2. Involución natural de la función ovárica (disminución de los niveles de esteroides sexuales).

Masters y Johnson observaron repetidas veces expansión y lubricación en la vagina a pesar del adelgazamiento senil de las paredes de la vagina en mujeres de más de 60 años que mantenían una actividad sexual regular una o dos veces por semana. Esto puede desarrollar un impulso sexual renovado que da origen al desarrollo de variantes o a reemplazar prácticas insatisfactorias establecidas con anterioridad.

Los labios mayores y menores presentan cambios por envejecimiento, hay pérdida de tejido adiposo y cierta pérdida de tejido elástico en los labios mayores.

El útero disminuye de tamaño 5 a 10 años después de la última menstruación, teniendo el cuello y el cuerpo longitudes similares.

La contractilidad persiste en la mujer senil, aunque reducida a 1 ó 2 contracciones en contraposición de las 3 ó 5 de la mujer joven.

En cuanto al espasmo de útero, aunque raro, es una de las afecciones de las mujeres menopáusicas aunque raro si no se disminuyen los esteroides sexuales.

Sí se reduce la elevación involuntaria del útero disminuyen el efecto “carpa” en el diámetro transcervical de la vagina. Las glándulas de Bartholin reducen la actividad secretoria. En un orgasmo intenso puede haber abertura de meato urinario. Hay miotonía generalizada, el tono muscular disminuye con la edad y es raro el espasmo carpopedal.

La actividad sexual de la mujer entre 50 ó 70 por desgracia se halla condicionada sobre todo por la disminución o carencia de la respuesta sexual del marido (generalmente unos cuantos años mayor) o por viudez (cada vez hay más mujeres sin marido).

No hay así una salida o descarga de tensión sexual acumulada. Es así que al carecer de los contactos sexuales la mujer vuelve a la masturbación.

Para H.Kaplan las pautas masturbatorias se ven incrementadas después de la menopausia, por lo menos en el nivel de los 60 años por:

-Manipulación regular en mujeres solteras

-Por estar casadas con hombres de salud deficiente

-Por viudez

-Por divorcio

-Por aislamiento del medio social

Para Masters y Johnson hay dos requisitos básicos para promover una regularidad de la expresión sexual en la mujer añosa:

1. Un estado bastante bueno de salud

2. Un compañero interesado e interesante

Complementaríamos esto con una tríada propuesta por H.Kaplan: aceptación, aprendizaje y generosidad.

La aceptación es de vital importancia para la mujer ya que al vivir el descenso del vigor sexual de su marido como una manifestación de rechazo le resulta imposible ser tierna y excitable.

El aprendizaje tiene gran peso en el desarrollo de la sexualidad femenina ya que aumenta gradualmente su capacidad gratificante, extinguiendo paralelamente las inhibiciones y la inseguridad acuñadas en la juventud.

La generosidad da aumento a la gratificación, retroalimentándose en permanente circularidad y permitiendo que las técnicas amatorias se acomoden a las necesidades cambiantes de cada uno, enriqueciendo además la relación matrimonial por una adaptación sensible y recíprocamente generosa.

La visón geriátrica

Desde la geriatría, especialidad relativamente nueva, tiene la sexualidad un abordaje, comprensión y desarrollo con ciertas limitaciones. Existe en general una tendencia a negar la sexualidad en personas mayores, como si las figuras superyoicas tuvieran que ser asexuadas, provocando per se fuertes resistencias emocionales.

El sólo hecho de “sentirse viejo” produce una crisis de identidad que acompaña al envejecimiento progresivo y que tiñe todo de gris, no permitiendo aislar los síntomas que son específicamente del proceso de envejecimiento de los que no son.

Paradójicamente presenciamos un gran número de personas que llegarán a edades muy avanzadas gracias a los progresos científicos y técnicos, progresos con metas como alargar la expectativa de vida pero segregados como pasivos e inactivos, perdido su status consagrado y habitual, sin haber descubierto otro nuevo.

¿Cómo disfrutarán de esos años extra? ¿Cómo se insertan en el nuevo contexto? ¿Cómo plantearse en medio de este contexto, el problema de la sexualidad de la edad madura? ¿Cómo saber el valor que tiene la sexualidad para los viejos, cuando casi antes de preguntar, los que los rodean estarán diciendo: “prescindible”, “poco importante”, “acto que pertenece al pasado”, “anormal”, “perverso”, “degenerado”, cerrando la boca de quienes certificarían la autenticidad de sus intereses sexuales?

Entre los 45 y los 60 años se sitúan los primeros síntomas de envejecimiento como ser:

-Fatiga psicofísica (el trabajo da menos rendimiento)

-Disminución de la memoria (nombres de persona)

-Disminución de la vista (anteojos para leer)

-Corazón o pulmón menos potente (disnea de esfuerzo)

A pesar de estas dificultades una actividad sexual es posible y frecuentemente satisfactoria en la mujer de 50, 60 ó más años con satisfacción comparable o mayor que precedentemente, sobre todo teniendo en cuenta que su compañero de igual o mayor edad tiene:

-Fase de excitación y erección: retardo

-Plateau de erección: más largo

-Inevitabilidad eyaculatoria: menos rápida

Compensación ésta providencial y plenamente agradable para los dos.

¿Qué puede influir negativamente en esta óptima situación? Algunas condiciones fisiopatológicas pueden influir sobre la actividad sexual, como ser: enfermedades reumáticas que limiten al producir dolor en los movimientos, teniendo que buscar posiciones adecuadas.

Una persona con insuficiencia respiratoria y/o cardíaca puede no llegar a tener una actividad sexual adecuada o satisfactoria pero más por miedo al infarto o recidiva del mismo.

En el experimento de Hellerstein (Cleveland) sobre enfermos después del infarto grave o corazón vulnerable, el aumento de frecuencia durante las relaciones sexuales ha sido menos marcado que en otras ocupaciones diarias en condiciones de estrés. Es de suma importancia que el esposo de la mujer con cardiopatía sea bien informado y contribuya así a la rehabilitación sexual.

Otro aspecto importante es la influencia del sexo sobre el inicio y la evolución de las enfermedades, favoreciendo o provocando trastornos de varios órganos. Gastritis, colitis, estreñimiento, cefalea y crisis disneicas frecuentemente acompañadas de estados de angustia o de depresión son la resultante de una vida sexual insatisfactoria.

Aunque la medicina haya hecho progresos en el tratamiento de los problemas sexuales, la mayor parte de los médicos apenas se inquietan por la incidencia que puede tener una terapia sobre el funcionamiento sexual de sus enfermas.

Ignorar la vida sexual geriátrica es una pobre práctica médica. Si pueden aceptar que es natural mantener relaciones sexuales entre los 50 y 70 ó más años, no hay razón para confundir los síntomas correspondientes a la alteración sexual con los de la involución fisiológica natural del envejecimiento.

Pedir con discreción y tacto cualquier dato sobre la vida sexual de su paciente le llevaría a valorar mejor y a subsanar disturbios y enfermedades, producto de una deficitaria sexualidad

Por viejos tabúes y prejuicios y por propios falsos pudores se llena al enfermo de medicamentos e tanto la paciente se podría beneficiar por una clara y precisa explicación de cómo están verdaderamente las cosas y cuánto puede la sexualidad en la mujer añosa.

Para el geriatra es importante identificar y después curar las alteraciones propias del envejecimiento, comenzando por el cerebro y el sistema nervioso.

Se ha visto por ejemplo, que una sexualidad disminuida en mujeres con trombosis cerebrales, respondía perfectamente al tratamiento rehabilitante.

Algunas tentativas de terapia de las dificultades sexuales de la pareja anciana han sido efectuadas en los centros de Sexología Geriátrica establecidos en varios países y los resultados parecen favorables.

Posiblemente el mantenimiento de una actividad sexual satisfactoria hasta edad avanzada permita aliviar la tensión psicológica necesitándose así menos psicofármacos; puede además aumentar e flujo de cortisona de las glándulas suprarrenales que es una ayuda en caso de artritis y lo que es mejor permitir envejecer más lentamente y  mantenerse más tiempo joven.

Existe una correlación entre actividad sexual e la vejez y actividad sexual en épocas anteriores. Una vida sexual intensa en la juventud –por un levantamiento de la “represión”- prolonga la vida sexual en la senescencia.

Los trabajos psicoterapéuticos realizados por el Dr. Eduardo Adduci nos muestran desde la psicogeriatría cómo el levantamiento de la represión sexual marchó en forma paralela con el avance de la evolución psicosexual y consolidación de maduración yoica en pacientes presenescentes y senescentes.

Cuando los sentimientos son reprimidos, la contrapartida es el desplazamiento hacia otras zonas del cuerpo que por regresión quedan erotizadas; así es común en el anciano la regresión oral-digestiva y la constante preocupación por sus problemas intestinales y digestivos.

Siendo la senescencia un período de la vida en que resultara inadecuadamente practicable la sexualidad, surge una imaginaria vida activa que no guarda relación alguna con la realidad externa.

Hay entre los 50 y 55 años un período llamado “latencia secundaria” o “latencia de senescencia” que suele durar de cuatro a cinco años, período donde la pareja se puebla de fantasías de adulterio y engaño mutuo; pasado el período se renuevan las apetencias sexuales con conductas de desplazamiento, una necesidad de vivir una revancha y de vivir lo que no fue en la juventud o madurez.

Lo que no puede dejar de tenerse siempre presente es que la fuerza de los impulsos instintivos es permanente y poderosa debido a la intemporalidad de los procesos inconscientes.

Sin embargo, nos encontramos con algunas opiniones encontradas respecto de la sexualidad en la tercera edad; por ejemplo, en el libro Problemas geriátricos actuales de Ramón Durán se lee: “Terminamos este capítulo diciendo que la base de la sexualidad en la tercera edad no es lo orgánico, es lo espiritual” y en el Congreso de Geriatría de Toronto la doctora Aslan respondió a la pregunta: ¿qué es lo mejor para la mujer añosa? Lo mejor, dijo, es el no entiendo.

Dos opiniones que no tienen por qué ser excluyentes, juntas son en verdad la realidad. La sexualidad y la espiritualidad se hacen cada vez más interdependientes y complementarias.

En síntesis

Citaremos una frase del Dr. Hugo Basin, de su trabajo La sexualidad en la edad avanzada.

“Por ese deseo de eternidad que nos caracteriza los humanos tratamos de conversar lo que en nosotros hay de juventud pues ésta implica la supervivencia de la libido; es por esto que el viejo `desea desear´ porque al conservar la nostalgia psicobiológica de experiencias placenteras recupera su propia integridad como ser vivo”.

Desafiando convencionalismos, cada vez es mayor la cantidad de viejos que imitan a los jóvenes formando parejas sin formalidades legales o sociales.

A esta altura de los años ayudan a la reintegración la experiencia, la sabiduría, la mayor necesidad del uno por el otro y la mayor definición de intereses, una recíproca sensación de ternura, de reconocimiento, de plenitud, de gratitud, pero todo esto de nada serviría si se perdiera o se negara el placer.

Para que el goce del sexo en la mujer añosa sea satisfactorio merece que sea alentado mediante la información sexológica y erótica, contexto asertivo, no perder la práctica del cuidado del cuerpo con sana alimentación, reposo y gimnasia y la práctica de la coquetería, buen cuidado de la ropa, el uso inteligente de cosméticos y pasatiempos interesantes, capaces de matizar y alegrar su existencia.

Tomar un papel activo en lo social y en la intimidad, desafiando el estereotipo del envejecimiento y acrecentando el placer de ser tocadas, acariciadas, abrazadas con fascinación e interés y un alto nivel imaginativo y creativo.

Desde la literatura, el tema está bastante negado; no obstante, me gustaría citar algunos párrafos finales del libro El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez no sólo para ser escuchados sino para ser pensados y sentidos:

“… Ambos fueron bastante lúcidos para darse cuenta, en un mismo instante fugaz, de que ninguna de las dos manos era la mano que habían imaginado antes de tocarse, sino dos manos de huesos viejos”.

“… A ella le había llegado la hora de preguntarse con dignidad, con grandeza, con unos deseos incontenibles de vivir, qué hacer con el amor que se le había quedado sin dueño”.

“… Entonces insistió por segunda vez y ella lo recibió en los labios, lo recibió con un temblor profundo que trató de sofocar con una risa olvidada desde su noche de bodas”.

“… Animado por esa ilusión se atrevió a explorar con la yema de los dedos su cuello marchito, el pecho acorazado de varillas metálicas, las caderas de huesos carcomidos, los muslos de venada vieja”.

“… Si hemos de hacer pendejadas, hagámoslas- dijo. Pero que sea como la gente grande”

“… La prudencia de Florentino Ariza tuvo una recompensa inesperada: ella extendió la mano en la oscuridad, le acarició el vientre, los flancos, el pubis casi lampiño. Dijo: `tienes una piel de nene´. Luego dio el paso final: lo buscó donde no estaba, lo volvió a buscar sin ilusiones y lo encontró inerme. – Está muerto- dijo él”.

“Le ocurrió siempre la primera vez, con todas, desde siempre, de modo que había aprendido a convivir con aquel fantasma: cada vez había tenido que aprender otra vez, como si fuera la primera. Tomó la mano de ella y se la puso en el pecho. Fermina Daza sintió casi a flor de piel el viejo corazón incansable latiendo con fuerza, la prisa y el desorden de un adolescente. Él dijo: ´Demasiado amor es tan malo como la falta de amor´”.

“… Era la primera vez que hacía el amor en más de veinte años y lo había hecho embargada por la curiosidad de sentir cómo podría ser a su edad después de un receso tan prolongado”.

“… Descubrió que las rosas olían más que antes, que los pájaros cantaban al amanecer mucho mejor que antes”.

“… Ni Florentino ni Fermina se dieron cuenta cómo se compenetraron tanto: ella lo ayudaba a ponerse las lavativas, se levantaba antes que él para cepillarse la dentadura postiza que él dejaba en el vaso mientras dormía y resolvió el problema de los lentes perdidos, pues los de él le servían para leer y zurzir”.

“… En cambio lo único que ella necesitó de él fue que le pusiera una ventosa para un dolor en la espalda.”

“… Hicieron un amor tranquilo y sano de abuelos percudidos, que iba a fijarse en su memoria como el mejor recuerdo de aquel viaje lunático”.

“… Habían vivido juntos lo bastante para darse cuenta de que el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuando más denso cerca de la muerte”.

El poeta nos dice que el sexo como el corazón nunca envejece, que hay un amor romántico, un amor erótico, un amor atemporal y un amor realista.

Ahora bien, ¿sabemos en realidad de todos estos amores (si no todos), cuál prefiere la mujer añosa?

Sí, sabemos cómo responde su cuerpo, nos lo han dicho ginecólogos, sexólogos y gerontólogos, pero nos faltan respuestas testimoniales de las mujeres de 50, 6, 70 y más años  para tener en claro:

1) Si quiere incluir la sexualidad en sus años extras

2) Cómo quiere plantearse el problema de la sexualidad en la edad madura

3) Si hay diferencias de necesidades y requerimientos según la década que vive

4) Si hay aceptación real de la falta de hombres

5) Si la masturbación reemplaza y satisface

6) Si en realidad es tan importante el orgasmo

7) ¿Qué es lo que más añora y cómo hacer frente a tal carencia?

8) ¿Cómo ir cambiando las fuertes trabas socio-culturales?

9) ¿Cómo tomar el modelo masculino y hacerlo propio respecto de conseguir pareja para una grata salida?

10) ¿Cómo defender el derecho divino del placer? (Anular el centro del placer que se encuentra en el hipotálamo sería un acto de soberbia, ya que si Dios ahí lo colocó no somos quienes para rechazarlo).

Estas preguntas más todas las que provengan de las dudas de muchas mujeres añosas serán el tema del próximo trabajo a investigar: ¿Qué quiere en realidad de su sexualidad la mujer añosa, y cómo conseguir lo que quiere?