Responsabilidad Compartida

Elena, viuda de 85 años, vive sola con un hijo discapacitado de 60 años, a quien en este momento, además de los habituales cuidados, debe llevar 3 veces por semana a rehabilitación física, pues sufrió un accidente hace unos meses y lo tuvieron que intervenir para colocarle una prótesis en su rodilla derecha.

Susana, de 74 años, vive con su madre de 96 años. Susana todavía trabaja y se ocupa de su mamá el resto del día.

Elena tiene otro hijo de 62 años, quien formó su familia y se dedica a ella, a su trabajo y le deja a su madre de 85 años todo el cuidado de su hermano discapacitado.

En cuanto a Susana, tiene un hermano, quien, como podemos ver en innumerables casos habiendo en la familia una mujer que se haga cargo del cuidado de un adulto mayor, creen que quedan eximidos de colaborar.

En los dos ejemplos, tenemos dos mujeres adultas mayores que no reciben el debido cuidado.

A menudo, los hogares constituyen un escenario de actitudes negativas hacia personas que, por su edad, deberían recibir no sólo cuidados adecuados, sino además, exigir lo establecido en el decálogo de los derechos de la ancianidad, incorporados por Ley en la Constitución de 1949.

Lamentablemente, no hay difusión suficiente para que aquellos adultos mayores que cargan sobre sí el cuidado de un familiar, también adulto mayor, puedan reclamar colaboración y el cuidado que merecen.

El tema de la responsabilidad compartida está también en el Código Penal, en la Ley 13.944.

En realidad, no se tiene presente que el abandono y descuido que se ve en los adultos mayores tiene serias consecuencias en sus estados emocionales que, teñidos de tristeza y desesperanza, son un caldo de cultivo para futuras enfermedades.

La responsabilidad compartida está implícita en el concepto de familia, quien no lo entienda así, sólo pasa a integrar el rol de pariente. Ser familia es palabra mayor cargada de dignidad.

Para aquellos que no saben donde recurrir para exponer sus reclamos, pueden presentar la demanda ante el Juez de familia, a través del médico de cabecera.

Es fundamental crear una conciencia y una actitud de responsabilidad compartida, para que velar por la seguridad y bienestar de nuestros ciudadanos mayores sea parte de nuestra cultura.

Derechos de la ancianidad

1) Derecho a la Asistencia: Todo anciano tiene derecho a su protección integral por cuenta de su familia. En caso de desamparo, corresponde al Estado proveer dicha protección, ya sea en forma directa o por intermedio de los institutos o fundaciones creados.
 
2) Derecho a la Vivienda: El derecho a un albergue higiénico con un mínimo de comodidades hogareñas es inherente a la condición humana.
 
3) Derecho a la Alimentación: La alimentación sana y adecuada a la edad y estado físico de cada uno debe ser contemplada en forma particular.
 
4) Derecho al Vestido: El vestido decoroso y apropiado al clima completa el derecho anterior.
 
5) Derecho al Cuidado de la Salud Física: El cuidado de la salud física de los ancianos ha de ser preocupación especialista y permanente.
 
6) Derecho al Cuidado de la Salud Moral: Debe asegurarse el libre ejercicio de las expansiones espirituales, concordes con la moral y el culto.
 
7) Derecho al Esparcimiento: Ha de reconocerse a la ancianidad el derecho de gozar mesuradamente de un mínimo de entretenimientos.
 
8) Derecho al Trabajo: Cuando su estado y condiciones lo permitan, la ocupación por medio de laborterapia productiva ha de ser facilitada. Se evitará así la disminución de la personalidad.
 
9) Derecho a la Expansión: Gozar de tranquilidad, libre de angustias y preocupaciones en los últimos años de existencia, es patrimonio del anciano.
 
10) Derecho al Respeto: La ancianidad tiene derecho al respeto y consideración de sus semejantes.