DISTRÉS

“Problema a resolver”

Podemos encarar los problemas y dificultades cotidianas con una actitud diferente que nos permita cambiar el estilo de reaccionar frente a las exigencias y sobrecargas a las que nos vemos sometidos habitualmente.

Hay una serie de recursos a tener en cuenta, en primer lugar, el componente externo e interno; debemos evaluar cuáles son las áreas de distrés, factores que lo producen, modos de reacción, y comportamiento ante ellos.

Si bien los problemas y adversidades son inevitables durante el transcurso de nuestra vida, cuando aparecen debemos sí o sí ACEPTARLOS, PREVERLOS y AFRONTARLOS, es decir, tener una actitud activa.

Esto implica tomar al DISTRÉS como un problema a resolver, como un desafío que requiere planes de acción concretos, en etapas que ordenan el accionar.

Para comenzar, hay que analizan y cuestionar los “mandatos” arraigados, los pensamientos rígidos, automáticos, absolutos, que generan exigencias para con los demás y para con uno mismo.

Una vacuna o antídoto preventivo para una sobrecarga de estrés lo constituyen los enunciados positivos “encarados y repetidos con convicción” llamados “afirmaciones”, como por ejemplo:

“Cálmate, todo se puede resolver”

“Ya superaste otras situaciones difíciles, ésta saldrá bien”

“Quien hace lo que puede no está obligado a hacer más”

“La irritación me perjudica, debo ser más frío y racional”

“Debo ser tacaño con mi energía”

También puedo echar mano a la imaginación y visualización. Desarrollar habilidades imaginativas que han sido muy ricas en la infancia produce cambios cognitivos, emocionales y conductuales, que se transforman en logros de objetivos.

Visualizarse como logrando una meta vuelve probable su concreción; ésta es una técnica muy empleada en el entrenamiento de los atletas que compiten en las Olimpíadas.

Hay que tener en cuenta también el distrés que uno mismo genera al no tener una distribución equitativa de la administración del tiempo, por lo que se sufren diversos síntomas como:

-Incumplimiento de compromisos.

-Apuros y palpitaciones permanentes.

-Sentirse desbordado por demandas y tareas excesivas.

-Sensación de tener que hacer, casi siempre, lo que no se desea.

-Fatiga y apatía tras muchas horas de actividad poco productiva.

-Vacilación crónica ante alternativas desagradables.

No olvidar que el distrés es un disparador altamente peligroso que puede llevar al individuo a una internación en estado de “coma”, a la muerte por accidente cardio o cerebrovascular, o a una vida incapacitada por hemiplegia o paraplegia.

¡CUIDARNOS ES NUESTRA RESPONSABILIDAD!

Recomendaciones para combatir el distrés

-Hay que aprender a decir “NO” a los requerimientos ajenos.

-Nunca hacer algo que esté más allá de nuestras humanas posibilidades.

-Aprender a delegar en otros tareas no esenciales o rutinarias.

-No creerse imprescindible, queriendo abarcarlo todo.

-No al perfeccionismo exagerado.

-Aceptar la propia responsabilidad, no hacerse cargo de la ajena.

-Buscar apoyo cuando nos sentimos sobrepasados.