Terapia cognitiva posracionalista

Prevención primaria de enfermedad cardiológico en un paciente con organización obsesiva

Caso ilustrativo

Pedro es un comerciante de 55 años, casado, con dos hijos. Si bien el motivo de consulta inicial fue un estado ansioso que se incrementaba día a día, el cuadro resultó ser mucho más complejo.
Pedro se había criado en una familia rígida, con métodos educativos de severidad y castigos; la explicación era que querían “hacer de él un hombre”.
Vislumbrando en él una O.S.P. obsesiva se le preguntó qué consideraba él “ser un hombre”. La explicación ratificó el diagnóstico.
En su narrativa, comentó un episodio que lo marcó para toda su vida: un día, tendría él 12 años, su padre lo descubrió masturbándose y no sólo fue severamente castigado, sino que se le dijo que iría al infierno por tal conducta indigna.
Así, para mitigar sus miedos y controlar su rabia comenzó a lavarse las manos con desmesurada asiduidad, hecho que no fue registrado por la familia.
Así como la ritualización obsesiva busca controlar su sí mismo y su entorno, los pensamientos obsesivos bloquean un buen funcionamiento sexual. La insistencia obsesiva en el orgasmo coital cuando no es factible, puede ejercer un efecto muy deletéreo sobre la relación de pareja.
El pensamiento obsesivo de que si pierden la erección no volverán a recuperarla, se convierte inmediatamente, en una profecía auto-cumplidora.
Y fue esto lo que le sucedió a Pedro, no sólo su capacidad erectiva había mermado, sino que sufría de eyaculación retardada. Retener la eyaculación es como retener los sentimientos. Añade una enorme tensión a la relación y predispone al hombre a la enfermedad del corazón.
Ya en 1970 Master y Jonson habían citado ejemplos de eyaculación retardada en pacientes que habían descubierto la infidelidad de su mujer, y en aquellos descubiertos por una figura de autoridad en medio del acto sexual o masturbándose, con el consiguiente castigo por su mala conducta.
Por supuesto que estos autores no los tienen consignados como pacientes obsesivos. Diagnóstico que sí podemos corroborar, ya que en la eyaculación retardada “la respuesta queda bloqueada exactamente como si el paciente anticipara el castigo de una descarga eléctrica cada vez que eyaculase, o incluso cuando sintiese el impulso de eyacular” (H. Kaplan 1984).
El grado de ansiedad en la que se encontraba Pedro nos llevó a iniciar el tratamiento psicoterapéutico con la administración de benzodiazepina-alprazolam 0,5 en baja dosis. Si bien esto lo utilizamos en los ataques de pánico, coincidimos con el Dr. Miguel Márquez, jefe de Psiquiatría del Hospital Francés y presidente de la Sociedad Argentina de Trastorno de la Ansiedad, quien señala que la utilización de este fármaco en versión sublingual, es útil no sólo en los ataques de pánico, sino en todas las situaciones de ansiedad aguda episódica en el trastorno llamado obsesivo-compulsivo (TOC) en que la persona que lo padece, no puede dejar de repetir determinados actos o rituales, y, además, es incapaz de manejar la ansiedad que le produce su obsesión.
Pedro había agregado a sus rituales de higiene un nuevo y extraño ritual: todos los días antes de ir a atender su comercio, tomaba su misal y rezaba caminando por toda la casa. Su recorrido era tan minucioso que ni siquiera esquivaba cada rincón.
Una vez que Pedro bajó lo suficiente su estado ansioso, comenzamos con su terapia. ¿Qué quería controlar Pedro de sí mismo y de su entorno a través de semejante ritualización?
El problema personal de Pedro estaba potenciado. Su concepto de moral, acuñado a fuego en su niñez, y su sentido de responsabilidad familiar lo tenían trabado.
El tema urticante era que su hija, que estaba de novia, había tenido relaciones sexuales; su esposa lo sabía y se lo había ocultado. Se enteró de casualidad al escuchar una conversación telefónica, y no sabía qué hacer, y, como dice V. Guidano: “La dificultad percibida de decidir, a su vez, es una de las condiciones en las cuales es más probable que se sienta una sensación desafiante de debilidad, debido a la aparición de sentimientos mixtos y ambivalentes”.
En este caso, y como prevención primaria a una coronariopatía, era necesario bajar los niveles de ansiedad – ira – hostilidad, agravadas por una hipertensión de la que inclusive desconocía su existencia.
Era indispensable que Pedro pudiera transformar el enojo interno, la ira contenida, en una resolución positiva del conflicto.