Infancia: ambivalencia de las figuras de apego

La organización de significado personal obsesivo, se estructura a través de los estímulos dobles y opuestos ambivalentes, que en el contacto físico reciben los niños de sus figuras de apego. Así el niño percibe a la vez afecto y rechazo. Aunque parezca imposible percibir opuestos a la vez, esto ocurre ya que las actitudes larvadas de rechazo, quedan disfrazadas con el reverso de la medalla: gran devoción y preocupación, esta percepción de doble cara genera la imperiosa necesidad de buscar certeza. La formación del niño se realiza bajo estrictas normas morales y sociales a través de una hiper-verbalización, encuadrada en una formalidad tal, que nunca hay expresión de ternura o cualquier otra expresión de afecto. Frialdad, rigidez e inexpresividad, son el matiz de verbalizaciones sobre los importantes valores del mundo comenzando por el amor parental. Las emociones son inevitables en el ser humano, pero en estas familias están prohibidas las emociones de rabia, las vinculadas con la sexualidad, y todas aquellas que trasgredan los valores morales y sociales. Esto coloca al niño en una situación paradojal de difícil o imposible control. Las personas con una organización del sistema personal obsesivo tienen un yo dividido. Ellas se sienten aceptadas en un momento, rechazadas en otro. Sólo manejan ideas, frases a nivel lógico. Irónicos
y sutiles con el lenguaje,  usado en el manejo de la bronca que no registran pues es muy controlada. En la normal crisis adolescente de la personalidad obsesiva, la fluctuación emotiva interna será excesiva ya que, advertir dentro de sí, dos personas tan diferentes torna difícil modelar las sensaciones de incomodidad de no sentirse a gusto. La solución será la de buscar confirmar las cualidades de su yo positivo, distanciándose de las estrictas reglas concretas y absolutas acuñadas precedentemente. Logran una imagen de sí unitaria definida a través del “todo o nada”, es decir, coherente con la realidad que como diferencia en un caso será positiva y en otro negativa, controlable una e incontrolable la otra. La búsqueda de la perfección como proyecto de vida le permite o casi depende de ser fiel a reglas morales, a la justicia, a la verdad; al equilibrio minucioso y detallista. Pero el equilibrio obtenido se ve amenazado por la paradoja entre la búsqueda de certeza y la duda sistemática, el control excesivo sobre los estados emocionales y el incontrolable aflorar de sentimientos y emociones e imágenes intrusas.

Identidad personal obsesiva

Correlación con la imagen del otro: unificar y estabilizar una experiencia dicotómica  en una identidad segura. (“todo o nada”.
Estilo afectivo específico: estar en el rol “dominante” coincide con postularse como poseedor indiscutible de certidumbres y verdades absolutas.
Percepción de juicio negativo: es experimentada como amenaza contra el logro de una certeza ilusoria que le otorgue una sensación de control absoluto.
Progresión normativa: control abstracto, nada puede controlarlo desde afuera.

Características de la afectividad y sexualidad de los obsesivos y las distintas disfunciones que presentan.
Afectividad

“El individuo tiene la tendencia a experimentar los sentimientos más mínimos que escapan de su control como extremadamente intensos, con la consecuente tendencia a sobre-reaccionar indebidamente” (V. Guidano 1987)
Si los sentimientos más mínimos son sobredimensionados, la intensidad de sus vivencias dificulta la vida emotiva del obsesivo.
El control, la duda, la búsqueda compulsiva de certeza enrarece la empatía.
“La ternura o las expresiones de afecto se deben sofocar porque pueden llevar a compromisos excesivos e inconvenientes” (Mario Reda 1986)
Si ya en el primer año de vida la organización del conocimiento de tipo obsesivo, presenta conductas definidas de tipo ritualista con el objeto de combatir la incertidumbre; en la edad adulta, en una descompensación surgida en el momento de no lograr evitar sensaciones intensas, es de esperar y así sucede, el que aparezcan rituales mágicos.
Es evidente la gran dificultad del obsesivo de aceptar la respuesta emotiva como un ingrediente natural de la vida. Si siente, puede sentir por la persona incorrecta. ¿Quién es la persona? y aparece la duda, la sospecha.
Cuando el proceso afectivo se vuelve rígido aparece la ritualización. Vivir en la ambigüedad afectiva puede devenir en delirio celo-típico. ¿Cómo estar con el otro en el amor sin sentir goce que está por encima de lo previsto? El sentimiento no tiene lógica y él la precisa.Vivir en intimidad es todo un conflicto.
“Las posibilidades de un compromiso genuino y de involucrarse emocionalmente están, entendiblemente reducidas. La duda, la dilación, la sobre-preocupación por los detalles, acompañan cada situación significativa de la vida afectiva propia: casamiento, embarazo, nacimiento, divorcio, etc. De manera de evitar cualquier posible error o peligro y de encontrar la actitud “certera y correcta” para enfrentarla” (V. Guidano 1987)

Sexualidad

Después de la pubertad, la sexualidad se convierte para el obsesivo en otro dominio crítico a ser controlado sin reservas ni miramientos, pues no reconoce los impulsos y deseos sexuales como parte de sí mismo.
Así, por ejemplo, el joven frente a sensaciones irrefrenables de goce y de afecto, que no logra bloquear, le hacen temer un desliz hacia la atracción sexual, llevándolo hasta el punto de impedirle llevar adelante la actividad profesional.
Para el joven, la falta de control sobre los propios deseos sexuales es el camino seguro hacia la prostitución. En ambos casos, los problemas obsesivos pueden derivar en sensaciones de contaminación y suciedad, con las ritualizaciones que varían de caso en caso.
Repetitivas actividades de lavado por su exigencia de orden y limpieza en la acción, representaciones mágicas, supersticiosas en el pensamiento, y a veces tics o movimientos estereotipados en lo corporal.
Así la ritualización obsesiva busca controlar su sí mismo y su entorno.
Los pensamientos obsesivos bloquean un buen funcionamiento sexual.
El pensamiento obsesivo de que si pierde la erección no volverá a recuperarla se convierte inmediatamente en una profecía auto-cumplida.
La insistencia obsesiva en el orgasmo  cuando no es factible, puede ejercer un efecto muy nocivo sobre la relación de la pareja.
La derivación de una paciente con diagnóstico de anorgasmia por auto-observación obsesiva, con estructura caracterológica obsesivo – compulsivo, sin éxito en la terapia sexual tradicional, mostró la necesidad de tratarla con la técnica de la terapia cognitiva pos-racionalista, pues con la terapia sexual convencional, la paciente seguía siendo excesivamente rígida y escrupulosa y seguía evitando el placer mediante la auto-observación obsesiva.
Para H. Kaplan (1985) es “más difícil disociar el deseo del resto del sistema psíquico y conyugal que aislar del mismo la fase orgásmica o la de excitación”
Coincidimos ya que las problemáticas son siempre vinculares.
En pacientes que sufren de eyaculación retardada, con una iniciación aguda de la disfunción, se ha comprobado que fue como consecuencia de haber sido descubierto en una conducta sexual prohibida y/o al haber sido severamente castigado por su actividad sexual.
Otros ejemplos de eyaculación retardada los han citado Master Johnson (1970) donde esta disfunción se presenta en pacientes que habían descubierto la infidelidad de la mujer.
También en casos donde los pacientes fueron descubiertos por una figura de autoridad en medio del acto sexual o masturbándose, con el consiguiente castigo por su mala conducta.
Por supuesto estos autores no los tienen consignados como pacientes obsesivos. Diagnóstico que sí podemos corroborar ya que en la eyaculación retardada “la respuesta queda bloqueada exactamente como si el paciente anticipara el castigo de una descarga eléctrica cada vez que eyaculase o incluso sintiese el impulso a eyacular” (H. Kaplan 1984). El relato de un paciente con impotencia no deja dudas de que su organización del sistema personal es obsesiva:
Se había criado en un hogar rígido, había sido castigado severamente y amenazado cuando era descubierto masturbándose o cuando sus padres sospechaban que lo estaba haciendo.
El paciente narra las grandes dificultades que tenía en tomar decisiones, era además, extremadamente limpio y pulcro con meticulosidad y excesivamente puntilloso. Era constantemente asediado por el pensamiento obsesivo de dar azotes en las nalgas desnudas de las mujeres al tiempo que sufría de ansiedad y de sentimientos de culpa en relación con éstos pensamientos; además la angustia se proyectaba a su trabajo torturado por temores obsesivos de ser despedido aunque en realidad su desempeño era óptimo. Su ansiedad alcanzaba dimensiones insospechadas, cuando entraba en contacto con una figura de autoridad masculina. Descubrió su impotencia al poco tiempo de casarse ya que el matrimonio no había sido consumado.
Tanto en los hombres como en las mujeres obsesivas la inhibición orgásmica, la impotencia o el deseo sexual inhibido se producen cuando la concentración de la atención obsesiva es puesta al servicio del control y no al servicio del placer.