Alostasis

En Enero de 1998, la revista médica “New England of Medicine” publicó el artículo “protective and damaging effects of stress mediators”, donde Bruce S. McEwen, describe los mecanismos adaptativos que procuran la homeostasis, denominados “alostasis”.
La carga alostática es, es definitiva, el desgaste de los sistemas neuroendócrinos que se produce, tanto por una actividad extrema, o demasiado baja, en respuesta a las tensiones y a la necesidad adaptativa.
Y ese precio no es el mismo para todos.
Bruce S. McEwen, pone un ejemplo: “en la mayoría de las personas, hablar en público genera stress. Después de tener que enfrentarse repetidamente a este suceso, muchas de estas personas se habitúan y la secreción de cortisol no se incrementa como ocurría durante los primeros discursos. Sin embargo, un 10 % de estos individuos se pondrá siempre tenso cuando tenga que dar una conferencia y sus niveles de cortisol aumentarán en todas esas ocasiones. Otros, en cambio, pagarán esta tensión aumentando su presión arterial”.
Dos factores determinan cómo se enfrenta cada individuo a una situación de stress. La forma en que cada uno percibe ese momento, y el estado general de salud que está determinado por factores genéticos, ambientales o del estilo de vida.
Así, por ejemplo, las personas cuya tensión arterial se eleva durante horas, después de producirse un hecho estresante, suelen tener un familiar directo –padre o madre- hipertenso. La impronta genética puede participar, por lo tanto, elevando su susceptibilidad y riesgo de eventos cardiovasculares.
Así, como no todas las personas reaccionan igual ante una situación estresante, tampoco todas las tensiones provocan la misma carga alostática.

  1. El primer tipo de carga alostática es la que está provocada por el stress frecuente, aquel que causa una respuesta inmediata. Una persona tiene que acudir a una cita importante y un atraso le impide llegar a tiempo. Esta situación desencadena un stress inmediato. Como consecuencia, se eleva la tensión arterial, lo que puede incrementar las probabilidades de infarto en las personas con factores de riesgo.
  2. La segunda clase es la respuesta normal, pero mantenida, constante, al stress. El resultado: una exposición prolongada a las llamadas hormonas del stress (las Catecolaminas, Adrenalina y Noradrenalina, que son las hormonas que libera el sistema nervioso simpático y las Glucocorticoides). Determinados profesionales como periodistas, ejecutivos, pilotos o médicos son los que más sufren este tipo de carga alostática.
  3. La tercera clase: cuando la respuesta física al stress se prolonga en el tiempo. Un ejemplo: está demostrado que las mujeres depresivas sufren una pérdida de masa ósea. Estas féminas, cuya carga alostática es crónica debido a su estado mental, poseen concentraciones elevadas de cortisol que inhiben la formación de hueso.
  4. En el cuarto tipo de carga alostática se produce una respuesta física inadecuada al stress. Es decir, cuando uno de nuestros sistemas no responde correctamente a los estímulos estresantes, ante una amenaza, el organismo actúa activando otros sistemas que no suelen ser los corrientes.

Desde la perspectiva clínica, tanto Sapolsky, como McEwen, están señalando un rumbo, nuestros mecanismos adaptativos son básicamente los mismos que hace millones de años, hicieron que nuestra especie abandonara África. Las tensiones y amenazas de la vida moderna generan cambios que, aún cuando puedan permitir una razonable eficacia frente a las situaciones estresantes, pueden generar una deuda, un precio que más tarde o más temprano se pagará con la salud.
El costo o precio que paga el cerebro y el cuerpo por esta desviación, acumulada en el tiempo, refleja en muchos casos estados patológicos y sumatoria de daños.
Efectos a largo plazo:
Cerebro: atrofia, muerte neuronal y déficits cognitivos.
Conducta: stress, ansiedad, depresión.
CVS: aterosclerosis, hipertrofia ventricular hiperarterial, ACV.
Sistema inmune: respuestas alteradas, fatiga, enfermedades autoinmunes e inflamatorias.
Metabólico: insulino resistencia, obesidad abdominal, alteración de la densidad ósea.