Matrimonio feliz

Si hay algo difícil de armar es una pareja.  Pero difícil no es sinónimo de imposible.  Al ver una pareja ante el altar surge de inmediato la palabra amor.

El amor ha sido definido de mil maneras pero no debe confundirse con el sentimentalismo, el alborozo romántico o la simple dependencia.
La antigua frase “el amor es ciego” es la que mejor resume un aspecto importante del amor: la notable sobrevaloración del individuo amado y la subestimación o desmentida de sus defectos, por parte de la persona “enamorada” (o quizás, “apasionada”).
El estudio de matrimonios sanos y felices ha demostrado que la persona enamorada no ha padecido tal ceguera, sino que hay percibido en el ser amado unas potencialidades que los otros no habían previsto y que la relación amorosa desarrolló en plenitud. 
El amor maduro muestra la capacidad de aceptar a la pareja por entero, con sus virtudes y defectos. 
La capacidad de amar radica en la persona amante; la de responder al amor con el crecimiento y el desarrollo radica (o no) en el ser amado. 
El equilibrio entre el dar y el recibir es la definición más simple del amor.  Pero su simplicidad conlleva ingredientes básicos como el cumplimentar las necesidades y expectativas de cada uno. En que momento se deben explicitar estas necesidades y expectativas es algo que se suele desconocer pues por regla general los integrantes de la pareja hacen al inicio un contrato implícito.
Cada uno consciente o inconscientemente espera “algo” del otro, expectativas o necesidades que el otro desconoce. Por lo tanto, el contrato debe ser siempre explícito. 
Un contrato matrimonial que permita la satisfacción mutua de  suficientes expectativas dará por resultado la armonía conyugal.  Un sólido contrato inicial es la mejor garantía para el logro de dicha armonía.
Contratos renovables durante el ciclo vital de un matrimonio. La gratificación mutua de las expectativas da por resultado un matrimonio sano. 
Hay parejas que se casan sin haber discutido en absoluto las expectativas individuales o mutuas.  El descubrimiento de esta falta de contrato permite comprender qué tipos de individuos participan en la relación y cómo ha evolucionado su desavenencia conyugal. 
Cuanto menor sea la presencia de un contrato conciente en el contrato prematrimonial o posmatrimonial, tanto mayor será la influencia de los factores contractuales inconcientes y de los vínculos matrimoniales de los progenitores.
El cambio es un elemento inevitable en la vida de un individuo.  De ahí que sorprenda ver cóm algunas personas, al comienzo de su matrimonio, esperan que el contrato original continúe sin modificaciones “hasta que la muerte nos separe”. 
Más sorprendente aún es ver cómo algunos matrimonios pasan años y años sin adaptarse a los cambios vigentes y sin modificar en absoluto su contrato original, aunque ya no sirva.
La única cosa segura es el cambio.  No obstante, el cambio interno del individuo – que es la base de la psicoterapia -  es constantemente resistido por esa faceta conservadora de la naturaleza humana que, en mayor o menor grado, está presente en todo individuo.
Si bien la existencia de conflictos maritales no indica necesariamente un casamiento desacertado, no deja de ser cierto que algunas personas se equivocan de veras y eligen a un consorte por entero inapropiado.  El creciente índice de divorcios atestigua en parte.
Cuando ambos cónyuges crecen como individuos, aunque sea en direcciones diferentes (por ejemplo, uno en las artes y otro en los negocios) pueden respetarse el uno al otro.  Cuando uno de ellos crece continuamente y el otro no, el abismo es casi insuperable, por cuanto el crecimiento diferencial es acumulativo y las diferencias parecen aumentar en una progresión casi geométrica.
Las combinaciones del amor, el placer carnal y la sensualidad se entrelazan en una forma tan compleja, que los terapeutas de pareja debemos cuidarnos de aceptar y perpetuar las falacias y juicios de valor vulgares, que tanto abundan.  De lo contrario, se corre el riesgo de reforzar las expectativas “quiméricas” de uno u otro cónyuge, frecuentemente irrealizables en la mayoría de los matrimonios.
Al margen de todos los avances en lo que respecta a la terapia de pareja, las investigaciones coinciden en que no siempre  se puede salvar a todos los matrimonios.  Incluso hay casos en que las diferencias en la pareja son tan profundas y de larga data, que ni la mejor terapia los puede ayudar.  Una forma rápida para darse cuenta si una pareja tiene posibilidades de seguir adelante es preguntarle a cada uno de los miembros que fue lo que los atrajo el uno al otro cuando se conocieron.
Si ellos pueden recordar ese momento mágico (y sonreír mientras lo rememoran) no todo está perdido.
El promedio de las parejas que buscan ayuda tienen problemas desde hace 6 años, lo cual resiente la relación y le hace mucho daño.  Esta tardanza en consultar también agrava la situación.
En todo el mundo el número de casamientos disminuye y el de divorcio aumenta. Las causas: falta de comunicación e intimidad, el engaño, la crítica constante, el desprecio, estar siempre a la defensiva, desequilibrio de poder.
Todas las parejas felices tienen un profundo entendimiento de las psiques de sus cónyuges, lo cual les permite acercarse sin que su pareja construya una pared emocionalmente para mantener distancia.
Con respecto a la atracción, los hombres colocan el aspecto físico en primer lugar.  Para las mujeres, en cambio, la calidez ocupa un lugar preponderante, lo que muestra un mayor interés en construir relaciones duraderas.
 Las personas casadas que son felices están saludables; incluso su sistema inmunológico funciona mejor que en los de las personas que están pasando por una crisis matrimonial o están divorciadas.
Las parejas felices no olvidan nunca incorporar en el vínculo dos ingredientes: la ternura, y el sentido del humor.

Para finalizar, entreténgase en realizar el test: “Conozca a su pareja”.

En este test, mida la intensidad de su relación matrimonial

1. Conozco el nombre del mejor amigo/a de mi pareja.  

Verdadero o Falso.

2. Me doy cuenta de las que cosas que estresan a mi pareja.

Verdadero o Falso

3. Conozco los nombres de la gente que irritan a mi pareja.

Verdadero o Falso

4. Sé cuáles son los anhelos de mi pareja.

Verdadero o Falso

5. Conozco cuál es la filosofía de vida de mi pareja.

Verdadero o Falso

6. Siento que mi pareja conoce mis partes positivas.

Verdadero o Falso.

7. Cuando no estamos juntos extraño las caricias de mi pareja.

Verdadero o Falso

8. Habitualmente acaricio o beso afectuosamente a mi pareja.

Verdadero o Falso

9. Mi pareja realmente me respeta.

Verdadero o Falso.

10. Hay pasión en la pareja.

Verdadero o Falso

11. El romanticismo es parte de nuestra relación

Verdadero o Falso

12. Mi pareja valora las cosas que hago por nuestra relación

Verdadero o Falso

13. A mi pareja generalmente le gusta mi personalidad.

Verdadero o Falso

14. Nuestra relación sexual es satisfactoria

Verdadero o Falso

15. Al final del día, mi pareja se alegra de verme

Verdadero o Falso

16. Mi pareja es uno de mis mejores amigos

Verdadero o Falso

17. Cuando nos hablamos lo hacemos con amor

Verdadero o Falso

18. Hay personas que pueden influir en nuestras discusiones

Verdadero o Falso

19. Mi pareja me escucha con respeto, incluso cuando no está de acuerdo

Verdadero o Falso

20. Mi pareja me ayuda a resolver problemas

Verdadero o Falso

21. En general, estamos de acuerdo en los valores básicos y las metas de la vida

Verdadero o Falso

Puntaje:

Cada uno de las preguntas respondidas con “verdadero” vale 1 punto.
Por encima de los 11 puntos: usted tiene una relación muy intensa.
¡Felicitaciones!
Por debajo de los 11 puntos: su relación está pasando por un período difícil. Trate de afianzar la comunicación para fortalecer la relación matrimonial.