La memoria autobiográfica

La vejez que no es lo que era.  La representación del tiempo se dilata cuando las personas de edad avanzada se preocupan por lo infinito y recuerdan su largo pasado.

Su memoria diferente refuerza su identidad, optimizan lo que ya sabían y suelen renunciar al conocimiento débilmente adquirido. 
La noción de plasticidad cerebral nos enseña que la persona de edad optimiza lo que ya ha aprendido y compensa la capacidad que ha disminuido seleccionando las actividades en las cuales aún tienen un buen desempeño. 
El ser humano construye la idea que se hace de sí mismo, da forma a su pasado con recuerdo preciso o no, que le permite gobernar el futuro pues conoce sus hábitos pasados.
La memoria del trabajo, la que transforma los acontecimientos recientes en recuerdos disminuye a partir de los setenta años. 
La memoria narrativa en cambio mejora con la edad.  Mil veces revisad más mil veces repetida proporciona una certeza reiterada. 
Los relatos permanecen abiertos hacia el porvenir, despiertan todavía una esperanza y crean un sentimiento de familiaridad TRANQUILIZADORA.
Las narraciones de las personas de edad avanzada alternan los consejos del que da lecciones con las ideas del creativo en busca de nuevos acontecimientos.  En ambos casos, los relatos opuestos PRESERVAN SU IDENTIDAD.
En las personas de edad siempre hay un “pico de reminiscencias”, un momento de su biografía evocado más fácilmente: los acontecimientos vividos entre los diez y los treinta años constituyen la columna vertebral de nuestra identidad, allí lo afectivo y lo social se disponían a dar sentido a toda la aventura del resto de la existencia.
El apego que organiza la manera de amar y de socializar está en el centro de la vejez así como fue eje en los primeros años de vida.
El envejecimiento de las neuronas obliga al anciano a experimentar una transacción contradictoria: su IDENTIDAD NARRATIVA,  mil veces revisada, le da certidumbres históricas en el momento en que, alrededor, el mundo cambia.  Se siente más estable que nunca y, sin embargo, percibe lo que lo rodea como una extraña novedad.
El mundo sensorial que rodea a la persona de edad se empobrece mientras que se su mundo íntimo de representaciones se enriquece.  Responden a sus representaciones más que a lo real que los rodea, que se desdibuja mientras la narrativa íntima se fortalece.
Es maravilloso el poder tranquilizador de esa situación imaginaria tan eficaz como la sesión de psicoterapia más lograda.
Revivir el pasado aumenta las representaciones inscriptas en la memoria y pueblan lo infinito no representable con lugares de oración, ritos, cánticos, conversaciones, relatos.
Es así que la tarea de escribir o sólo contar su autobiografía tiene efectos psicoterapéuticos. 
Es de suma importancia utilizar la MEMORIA AUTOBIOGRÁFICA como factor psicoterapéutico en los ancianos.
 
La memoria autobiográfica es la memoria de los sucesos de la propia vida, donde se entrecruzan aspectos vinculados a la cognición en general, con los relavitos a la persona, a la emoción y a los significados.
Fundamentalmente esta perspectiva recupera el rol de la persona como central y significativo en todo proceso de recordar.
Como base del proceso autobiográfico se distinguen:

  • Períodos Vitales: que incluyen temas, objetivos y planes de la persona durante periodos particulares.  Como por ejemplo: “cuando vivía con”… “cuando trabajaba en …” y cada uno de ellos recupera un conjunto de recuerdos diferentes.
  • Sucesos generales: que se repiten por semanas o meses como vacaciones, viajes, una enfermedad.
  • Sucesos específicos: son detalles ordenados cronológicamente, que adoptan la forma de imágenes, sentimientos y detalles altamente específicos tanto sensoriales como de acciones.

Para contar una historia inteligible se requiere que tenga una secuencia temporal coherente y continua a lo largo del tiempo.
Que las explicaciones se vayan entretejiendo en la trama narrativa.  La secuencialidad es muy importante.
El significado personal a lo largo del curso de la vida, sus valores, y creencias.
La narrativa y las autobiografías rescatan el valor de la vida individual, se convierten en una forma de asertividad, de afirmación de la persona y de la integridad de la vejez.
Es rescatar las vivencias cotidianas donde están las respuestas a las preguntas acerca de la vida humana encarnada en las narrativas.
Los seres humanos somos narradores de historias que otros a su vez nos narran.  No sólo poseemos una historia, sino que somos una historia.
En el relato de la propia vida, la persona busca un orden, necesita hacerse inteligible a los demás y da sentido a los acontecimientos de su vida.
Permite asimismo comprender la importancia de las elecciones que hemos hecho en el pasado y cuales fueron sus consecuencias
Los sucesos aislados se integran en episodios más amplios que les dan sentido. 
Es en la vejez donde la necesidad de narrar la propia historia se hace más intensa y asimismo es una forma de afirmación sobre el presente. 
Se convierte así en una forma de construir y completar historias de vida familiares o personales con fines de salud.
Asimismo es una contribución a la historia de la familia donde la historia de vida recuperada, da un sentido de pertenencia y de continuidad, y revela crisis y modos de afrontamiento de problemas, que como ejemplo o como oposición pueden ser capitalizados para enfrentar y solucionar crisis actuales.
Es también una forma de contribuir al ejercicio de la función cognitiva.
Los temas se seleccionan en función de experiencias que han sido vividas por la mayoría, por ejemplo:

  • Mi familia.
  • El trabajo y/o carrera profesional.
  • El lugar del dinero en mi vida.
  • La salud y el cuerpo.
  • Identidad sexual, experiencias sexuales.
  • Experiencia con la muerte y las ideas de la muerte.
  • Amores y odios.
  • Las aspiraciones y las metas.
  • El rol de la música, el arte y la literatura en mi vida.