La investigación psicológica de los trastornos somáticos

Estas investigaciones nos reinstalan en la importancia del afecto, la emoción y su lenguaje, cuya meta es la ampliación de una conciencia vivencial y afectiva que descubra y revalorice un mundo afectivo más complejo o más rico, enraizado de manera natural, en el cuerpo.

La investigación psicológica de los trastornos somáticos ha conducido a descubrir afectos que, por lo habitual, no son reconocidos o nominados como tales. Por ejemplo, el sentimiento de ignominia (afrenta, infamia) de desmoronamiento, de propiedad, de infracción, de estar en carne viva o de estar escamado.
 
Casi todas las investigaciones realizadas sobre la fisiología de los afectos se refieren a la relación entre el sistema nervioso y los cambios motrices, secretorios, vasculares, etc. Que configuran la descarga emocional y giran alrededor da dos teorías principales: las perisféricas y las centrales.
 
Las primeras vinculan la emoción con las reacciones vícero-glandulares; las segundas, que la emoción está condicionada por el sistema nervioso. 
También las investigaciones desarrolladas por la neurofisiología coinciden al sostener  que una de las funciones de los pensamientos es la de atemperar las emociones. 
 
Todas estas investigaciones permiten interpretar los fenómenos psicológicos a partir de la finalidad de las funciones, cualitativamente diferenciadas, que integran la totalidad del cuerpo.
 
Podemos inferir entonces que la enfermedad es la expresión de un conflicto, un desbalance emocional que todavía continúa vivo y se presenta desde ese punto de vista como la segunda oportunidad para enfrentar el drama que ya una vez fue reprimido.
 
Ya en la Edad Media, Santo Tomás de Aquino decía “la pasión se encuentra donde hay una transmutación corporal” y Aristóteles sostenía que la mera advertencia de un peligro no induce a la fuga “a menos que el corazón se conmueva”.
 
Esto nos conduce a tener que intensificar la prevención teniendo en cuenta el adecuado manejo de las emociones, los afectos y el pensamiento positivo, para lograr el equilibrio entre el pensar y el sentir, base esencial en la calidad de vida.