La hostilidad como factor de riesgo coronario

Actualmente se considera que el Tipo A de conducta (son 20 los ítems que se usan para el test de auto-observación de las propias emociones que determinan este tipo de comportamiento) también abarca comportamientos “sanos” y hasta estimulantes para el desarrollo personal, como por ejemplo, el compromiso con el trabajo.  Pero, al mismo tiempo este patrón de conducta presenta comportamientos “tóxicos” que se asociarían a la enfermedad coronaria.  Dentro de dichos comportamientos el factor que más interés ha concitado en los últimos años es el Factor de la Hostilidad.
Diferentes estudios han reflotado la hipótesis de que los sujetos hostiles son más proclives que los no hostiles a desarrollar coronariopatías e, incluso, que situaciones de ira pueden precipitar los procesos de enfermedad coronaria.
Existe poco acuerdo entre los investigadores a la hora de definir el factor de hostilidad.  Para Smith (1992) las nociones de ira, agresión y hostilidad están íntimamente relacionadas.  Es esta mutua relación lo que impide una fácil diferenciación.
Sin embargo, la distinción entre afecto, cognición y conducta, permite un marco de referencia útil para establecer diferencias entre las nociones.  Así, según cada eje conceptual puede definirse la ira, la hostilidad y la agresión.
IRA es la emoción desagradable que varía en intensidad desde la irritación a la cólera.  Surge como consecuencia de lo que es percibido como maltrato o provocación.  Es posible entenderla de dos formas: como estado emocional o rasgo de personalidad.
AGRESIÓN es la conducta manifiesta; acciones de ataque con intención de causar daño y destrucción.
La HOSTILIDAD es más duradera que la ira y  es utilizada cuando el antagonismo involucra revancha o venganza oblicua, o bien, escondida.

El complejo Ira-Hostilidad

Se ha iniciado la investigación de un nuevo patrón de predisposición conductual más eficaz: el complejo Ira-Hostilidad. La hostilidad sería el resultado de la incidencia del medio ambiente en el sujeto a lo largo de su vida.  Los sujetos que presentan hostilidad se caracterizan por:

  • esperar lo peor de los demás
  • encontrarse siempre a la defensiva
  • crear ambientes de tensión y competitividad
  • percibir el ambiente como lucha (incesante y competitiva) para alcanzar objetivos
  • permanente estado de alerta y vigilancia sobre los otros.

Este último rasgo, estado de hipervigilancia permanente, posibilita una mayor predisposición a desarrollar la enfermedad cardiovascular, en virtud de la permanencia en el tiempo de la activación de los mecanismos de defensa del sujeto.  
A su vez, la ira refiere a una emoción displacentera compuesta por sentimientos de variable intensidad.  
Fisiológicamente se define por un aumento de en la activación del Sistema Nervioso Simpático, del Sistema Endocrino y de la tensión en la musculatura esquetal.
Desde el punto de vista de la conducta, los sujetos airados tienden a presentar conductas agresivas, siendo su signo expresivo más significativo el gesto facial.  Desde un punto de vista cognitivo, es frecuente la presencia de pensamientos contradictorios y contrapuestos.
Johnson (1990) propone tres estilos diferentes de afrontamiento para disminuir la sensación displacentera de la emoción de ira: la SUPRESIÓN DE LA IRA (anger-in), la EXPRESIÓN DE LA IRA (anger-out) y, por último, EL CONTROL DE LA IRA (anger-control).
En el estilo de supresión de la ira el sujeto afronta la situación reprimiendo la expresión verbal o física.  En la expresión de la ira el sujeto manifiesta conductas airadas, verbales o físicas, hacia sujetos y/u objetos, pero sin la intención de producir daño a una persona.  Finalmente, en el control de la ira el sujeto tratará de canalizar su energía emocional y proyectarla hacia fines más constructivos, para llegar a una resolución positiva del conflicto.
Este último estilo – el control de la ira- sería la alternativa más adecuada para reducir la probabilidad de riesgo de coronariopatías.  
El proceso que seguiría el complejo Ira-Hostilidad presenta tres posibilidades de desencadenamiento y desarrollo:

  1. Ante una situación determinada el sujeto hace una evaluación contextual en la que incide su estado afectivo actual.  Después de esta primera evaluación, se puede provocar un sentimiento de ira.  Este sentimiento puede derivar en una actitud hostil, que a su vez,  puede o no, provocar una conducta agresiva.
  2. La situación provoca directamente un sentimiento de ira (sin evaluación contextual previa) desencadenando un proceso de respuesta similar al anterior (ira-hostilidad-conducta agresiva).
  3. La situación provoca directamente la conducta agresiva del sujeto, con el fin de lograr sus objetivos.  Sólo en el caso de no ser éstos alcanzados, es posible que el sujeto experimente ira y se desencadene en el proceso anterior, ira-hostilidad-conducta agresiva.

De esto se sigue que en este complejo Ira-Hostilidad también se distinguen las tres dimensiones ya señaladas, como ejes subjetivo-afectivo (ira), cognitivo (hostilidad) y conductual (agresión).
En el llamado Síndrome AHI (Agresión-Hostilidad-Ira), la ira es el componente esencial que conduce tanto a la hostilidad como a la posterior agresión.
Pero, tanto la ira como la agresión, esto es, las dimensiones subjetivas y conductual, son variables inestables y transitorias en el tiempo.  Por lo tanto, los estudios referidos a la relación entre el complejo Ira-Hostilidad, o el Síndrome AHI, y las coronariopatías, se han centrado en la consideración de la dimensión cognitiva: la hostilidad.

La hostilidad, aspecto cognitivo, es estable y duradera en el tiempo, y por lo tanto, se constituye como el factor a evaluar para comprender la relación entre enfermedad cardiovascular y los procesos emocionales.
Se ha establecido una distinción entre tipos de hostilidad que pueden, o no, estar relacionados con las coronariopatías: la hostilidad antagonista y la hostilidad neurótica.  
La hostilidad neurótica se ha relacionado con el amplio espectro de la personalidad de neuroticismo que se caracteriza por la presencia de afectos negativos crónicos ocultos, tendencias a experimentar ira, ansiedad, depresión y distrés.
La hostilidad antagonista ha sido relacionado con la dimensión de la personalidad que opone los rasgos de Complacencia o Conformidad (Agreableness) y Antagonismo (Antagonism).  Hace referencia al estilo de las relaciones interpersonales desagradables y/o no cooperativas de la cuales son ejemplo: las expresiones de arrogancia, una actitud discutidora (argumentativaness), arrebatos de “dignidad” (condescension), malhumor y rudeza.
La hostilidad antagónica pudo ser asociada positivamente con la aparición de la coronariopatía.  
Estos estudios permitirían distinguir no sólo tipos de hostilidad, sino también, considerar a la hostilidad en tanto que subcomponente del estrés, como un factor relacionado en una menor proporción con las enfermedades cardiovasculares.  De este modo se destaca la hostilidad antagonista – independiente de un proceso de estrés-  como un factor autónomo de riesgo para las enfermedades coronarias.