Jubilopatía

Desde el diccionario la palabra ROL significa el papel que desempeña un actor y, por su extensión otra persona en cualquier actividad.  Desde la psicología es la conducta que un grupo espera de uno de sus miembros en una situación determinada.
Sin embargo, más allá de estas definiciones nos encontramos con un rol sin libreto, sin una actividad determinada, sin una conducta esperable, lo que podríamos llamar un rol sin rol: “el rol del jubilado”.

¿Qué se hace?

Por un lado ser positivos y creativos y, ¿qué nombres le pondremos?

  • “Administrador del propio tiempo”
  • “Con derecho a la pereza”
  • “Buscador de nuevos roles”
  • “Cotidianeidad con nuevas opciones”
  • “Capitalizador del ocio creativo”
  • “Realizador de anhelos incumplidos”, etc.

Pero por otro lado el pasaje de la vida laboral activa hacia la jubilación puede ser parte de una crisis que implica pérdida, cambios en la dinámica diaria, cambios en el propio “yo” y su apreciación por haber depositado masivamente su razón de ser en el trabajo y el cambio les presenta un futuro incierto ya que nada resulta digno de interés.

  • ¿Se anticipa la jubilación?
  • ¿Se prepara para ellos?
  • ¿Se elaboran las posibles pérdidas?
  • ¿Se preveen los nuevos objetivos?

Si no se trabajan estos interrogantes se da lugar a un conjunto de malestares psicológicos, al que se les denominó “JUBILOPATÍA”, que incluye: ansiedad, depresión y en grados muy extremos, hasta el suicidio.

La otra cara de la medalla que es positiva expresa “júbilo” ya que deriva de la voz hebrea jubileus.
El año del jubileo entre los judíos, era cada siete veces siete años exclusivamente, esto es el cuarenta y nueve, en que se hacía remisión de la servidumbre, las posesiones volvían a su antiguo dueño y quedaban libres los esclavos.
El jubileo universal cristiano es el que se celebra en Roma cada 25 años.
Para que la jubilación pueda expresar jubileo, júbilo, alegría, gozo, contento, regocijo, placer con necesarias condiciones que la favorezcan: sistemas provisionales adecuados, dignos seguros, y además incentivos familiares y sociales.

En el camino negativo, ¿quiénes están más expuestos?
En este sentido hay una marcada diferencia de género.
Las mujeres se adaptan mejor al cambio y hasta la ansían ya que por su rol social y familiar siempre tienen doble tarea, pues aunque trabajen fuera del hogar, éste les demanda prioridad, doble exigencias que siempre aceptaron.
Al varón en cambio, se le exige logros en lo externo, en lo laboral.  Es por ello que el hombre deposita masivamente su razón de ser en el trabajo y en “su vuelta al hogar” tiene que generar no sólo cambios en lo personal, sino además en lo familiar, pues este sistema entra en una disfunción por la paradoja de ser un ámbito tan conocido como extraño con el nuevo rol.  

En primer término, el ingrediente que disfunciona las relaciones vinculares, es el desfasaje económico que se produce entre el sueldo (elemento de autopercepción de eficacia, valor y estima personal) y el haber jubilatorio.

Si aparecen privaciones económicas provoca en el individuo la baja autoestima generadora de depresión.
Vimos que la etimología de jubilación expresa júbilo, y no siempre se sabe cómo lograrlo.  
Por eso es importante que el trabajo que se puede realizar previamente, como medicina preventiva, ya que se acompaña al individuo hacia el cambio buscando no sólo nuevas perspectivas, nuevos horizontes, nuevas relaciones sino además, mayor capacitación para disfrutar de los afectos, mayor desarrollo de la creatividad para que, potenciando el júbilo y ahuyentando el fantasma negativo de la jubilopatía, tenga una calidad de vida óptima que lo acompañe hasta los últimos momentos de su vida.