Hipertensión

Conflictos psíquicos-emocionales que la generan

Para la Organización Mundial de la Salud, los normotensos tienen una presión sistólica menor de 140 mmHg y una presión diastólica menor de 90 mmHg. 
Se considera hipertenso a los que presentan niveles sistólicos mayores de 160 y/o diastólicos mayores de 90 mmHg.
Se estima que, tanto en países en desarrollo como en países desarrollados, de 10 a 20 % de la población padece de hipertensión arterial.  El 90 % de los casos pertenece a la variedad clínica denominada hipertensión esencial, el 10 % a la hipertensión secundaria a otras patologías.
 
La hipertensión esencial consiste en la elevación, inicialmente intermitente y luego sostenida, de la presión arterial.
Lo que la caracteriza es el incremento de la presión arterial diastólica, ya que en muchos casos la presión sistólica permanece normal.
El proceso hipertensivo puede manifestarse a través de síntomas tales como cefaleas, cambios en la visión por alteraciones en las arterias de la retina, vértigos por isquemia cerebral transitoria, (isquemia: disminución de la aportación sanguínea a una región), alteraciones en la temperatura corporal, etc. o permanecer asintomático.
 
Puede cursar de manera casi inofensiva a conducir a la muerte en poco tiempo.  Ya en los años 30 comenzaron a ocuparse del tema desde el punto de vista psicológico, es así que en 1939 F. Alexander postuló la existencia de un conflicto psíquico inconciente específico de la hipertensión esencial. 
Este consistía en un conflicto entre tendencias pasivas, dependientes, receptivas y los impulsos hostiles, competitivos, agresivos.
La consecuencia se evidenciaba al asumir el enfermo una actitud pasivo-dependiente por temor de sus impulsos hostiles.
 
Tenemos así una primera característica psicológica – emocional:

Incapacidad de expresar hostilidad y la impasibilidad de aceptar su dependencia.

Ambas apuestas se bloquean mutuamente y mantienen una tensión crónica que ejerce un efecto sobre las funciones vasomotoras.

“La inhibición crónica de la rabia puede llevar a que la hipertensión se cronifique”.  

Alexander dice que los hipertensos suelen ser personas sumisas que con terca perseverancia enfrentan todos los obstáculos insuperables.
Son los bien llamados “burros de carga”.  En cuanto a los ejecutivos con estas características tiene dificultades en hacer cumplir sus órdenes y prefieren hacerse cargo del trabajo en vez de imponer la disciplina.
 
Una tercera característica es la actitud caracterológica que bajo la forma de respeto impide la expresión conciente de la ira, el enojo y la rabia.

“La no rebelión ante una humillación se traduce en enfermedad hipertensiva”  

En personas con autoestima deficitaria aparece la necesidad de incrementarla, quiere recuperar la dignidad perdida por lo que para lograr su cometido adopta una actitud pródiga.
 
Prodigar para agradar ser útil y a la vez reconocido, presionar para obtener la valoración deseada.
Cuando se intenta superar mediante esta actitud un intenso sentimiento de baja autoestima, el intento suele fracasar. 
El conocimiento inconciente de los motivos de prodigalidad refuerza en lugar de mitigar el sentimiento de indignidad del hipertenso.

“Indignación e indignidad pertenecen a un mismo núcleo de significación inconciente” 

Cuando se inhibe la acción eficaz de la indignación hay un incremento de la actividad cardiovascular, un aumento de la frecuencia respiratoria y un aumento de la tensión muscular y comprobada está además la elevación de la presión arterial.
Cuando hay exceso de prodigalidad se produce a la vez el exceso de demanda.  Si el sentimiento de prodigalidad fracasa, pues es una dádiva sin retorno, como reacción reactiva más extrema aparece el sentimiento de indignación presentándose en la conciencia los síntomas de enfermedad hipertensiva.
Puede aparecer la otra cara de la moneda: NO dar, pero si no da se siente indigno y puede hacer crisis aumentando la presión “no dándole el alimento a sus arterias por constricción arterial”.
 
Si vamos conociendo y descubriendo los sentimientos, los afectos en las distintas enfermedades podemos PREVENIR al detectar esas características.
La prevención disminuye las vicisitudes de la relación mente-cuerpo en el hombre a través de la PSICOTERAPIA.