Desafíos y posibilidades para la mujer mayor

La ampliación del tiempo vital de las personas lleva a cambiar las demandas y expectativas, ya sea en el área familiar, en lo social, demandas tradicionalmente asociadas a la tercera edad.

Al extenderse el curso vital permite abrir nuevas posibilidades.  Nuevas búsquedas que fortalecen la identidad, ya que en la actualidad hay muchas mujeres atrapadas en mandatos contradictorios, pues fueron educadas para vivir de una forma, tuvieron que vivir de otra y debieron educar a sus hijos y ahora a sus nietos para que vivan de otra muy diferente.
Muchas mujeres, en los últimos años, han salido de sus quehaceres domésticos es busca de estrenar nuevos roles, a través de los cuales, puedan canalizar sus expectativas, sus fantasías no realizadas, romper la rutina y generar nuevos vínculos sociales.
Los diversos talleres o espacios destinados al aprendizaje intelectual propiamente dicho, se ven cada vez más poblada de mujeres mayores, pertenecientes al mismo grupo etáreo.
Allí lo importante es el intercambio de experiencias, re-orientar al tiempo que queda de una manera más placentera, eficaz y saludable la utilización de ese tiempo para si mismas.
En estos grupos femeninos el cambio de “quejas” surge como una expresión de demanda cotidiana y se reconocen formando parte de un universo particular que jerarquiza una conciencia de género.  La conciencia de género es algo a lo cual se llega y no de la cual se parte.
Esta conciencia va lentamente surgiendo a través del diálogo de las respectivas voces internas.  Espejos en los que se reflejan roles, historias, conocimientos, necesidades similares y frustraciones colectivas.  En estos grupos resuena el “lamento femenino” como eco de la demanda cotidiana, que algunas mujeres, ante la dificultad de encontrar salidas alternativas, que les permitan cambiar o al menos, mejorar sus condiciones de vida domésticas, en las cuales han sido educadas.
La cultura de lo doméstico representa un conjunto de ideas y conceptos, que colocan a la mujer en una situación de subordinación.  Estas subordinaciones constituyen la sumatoria de trabajos de la casa, las tareas de limpieza, la preparación de la comida, el cuidado de los hijos, a atención y sostén emocional del marido y el cuidado de los ancianos.  Es el “ama de casa” rol exclusivo ya que el marido queda afuera de este territorio.
La esencia femenina constituye la estructura del mito que subyace a esta función “a tarea de organización familiar”.  Esto lleva a considerar que el “trabajo doméstico” no es tal sino más bien es un acto de responsabilidad femenino., mito que la misma mujer reafirma, pues al preguntarle en trabaja responde: “en nada, soy ama de casa”.   Así se sostiene una conducta ambivalente cuyo movimiento pendular va a la queja por la necesidad de cambio al sometimiento de una modalidad de entregas que le proporciona seguridad.
Al incorporarse a diferentes grupos con otras mujeres, escuchando otras quejas que le permitan un juicio reflexivo y criterio, observa como otras mujeres se definen a sí mismas como hijas de… esposas de… madres de…
El análisis de esta percepción les permite descubrir que a las mujeres no les basta sus nombres para hacerse conocer.  Este reconocimiento re-significa su identidad por encima de su actividad. 
Su ser por sobre su quehacer.  Dentro de esos grupos de pertenencia es donde se sale de lo cotidiano, el “nosotras” se abre paso ante la cotidianidad de ser solo “ama de casa”.  Un espacio dónde hay un lugar propio,  donde lo “interno” y el propio nombre adquieren relevancia, una nueva conciencia de sus posibilidades.
Ser mujer se constituye en un desafío y en una posibilidad, nuevas formas de vivir, sentir, actuar, y representarse a sí mismos en el contexto familiar y en la sociedad. 
La reelaboración de su identidad personal, familias y social en tanto que las confrontaciones con la necesidad de adquirir nuevas perspectivas, actuaciones y modas de realización personal vinculadas a la familia pero sin una dependencia de ella como fuente de valor y estima personal y social.

Como broche final, recitar diariamente los siguientes 10 mandamientos y cumplirlos:
  1. Te arreglarás diariamente.
  2. No te encerrarás.
  3. Harás ejercicio físico.
  4. Evitarás gestos de vieja derrumbada.
  5. No te quejarás por achaques.
  6. Cultivarás el optimismo.
  7. Serás útil a ti misma y a los demás.
  8. Trabajarás con las manos y la mente.
  9. Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas.
  10. No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor.