Prevenir enfermedades

Beneficiar lo físico, lo psíquico, lo emocional, previene enfermedades.  

Somos nuestro cuerpo, y sin embargo, no registramos su funcionalidad.
La actividad interna es gigantesca, la dinámica constante, un ir y venir de neurotransmisores, hormonas, enzimas,  proteínas, aminoácidos, etc.
Somos un complejo entramado de relojería Suiza.
Nuestra estructura Bio-psico-social-espiritual compone una unidad, un todo que es más que la suma de sus partes interrelacionadas.
A todo esto debemos agregar nuestra vida de relación y nuestra manera de percibir el mundo, que da el sabor de felicidad o infelicidad.
Analicemos ahora como ciertas emociones, ciertos estados ponen en marcha esa inmensa usina interna.
Una simple relación, según las emociones que provoque puede modificar la secreción de opiáclos (cualquier preparación o derivado del opio- Nuestro organismo produce opiáceos naturales como las endorfinas)
Un placer compartido aumenta la oxitocina (hormona de la felicidad)    
Esta hormona tiene su receptor más sensible en el hipocampo (lugar responsable en la formación y/o la recuperación de la memoria)
Esto implica que el hecho de desear a alguien provoque una emoción sexual, al mismo tiempo que un mejoramiento de la memoria.
Lo que estimula la emisión de esta hormona (oxitocina) es una relación humana.
En el momento de la relación sexual los dos segregan mucha oxitocina que los pone eufóricos y sensibles al compañero.
Es así que la emoción sexual cubre una amplia gama de estados que tienen en común la asociación de las respuestas fisiológicas, la conducta expresiva y distintos sentimientos subjetivos.
Desde el aspecto psicológico, una buena actividad sexual eleva la autoestima, permite estimular la creatividad, promueve el autoconocimiento y revitaliza el ánimo.
Recordemos siempre que, la autoestima es la clave para el éxito o el fracaso; que los dramas de nuestra vida son los reflejos de nuestra visión íntima de nosotros mismos. Una autoestima saludable es la base de esa serenidad de espíritu que hace posible disfrutar de la vida.
Pero para que una buena actividad sexual eleve la autoestima es necesaria la vivencia de sentir que se puede dar y recibir placer, que haya atracción mutua y se satisfagan las expectativas sexuales.
El cuerpo genera una química no solo a partir de la relación sexual, sino además a raíz de una situación psicológica, como la de sentirse aceptado y querido. En plena intimidad, el organismo que entra en una verdadera revolución química, fortalece el sistema inmunológico.
Cuando una caricia recorre la piel se pone en marcha una catarata de reacciones químicas. Sus estímulos llegan hasta el sistema inmunológico,
Encargado de proteger al organismo de las enfermedades.
En los dedos; se necesitan solo 2mm de superficie para activar los receptores sensoriales. Estos envían “la información” hacia el cerebro a través del sistema nervioso central. Allí es decodificada en forma de señales químicas al sistema inmunológico.
Las señales que llegan del cerebro estimulan médula ósea, ganglio, linfáticos, timo y brazo y provocan una sensación de bienestar. Así, el sistema se mantiene  alerta y preparado para combatir agentes extraños.
El acto sexual además, mejora la circulación ya que favorece la vaso- dilatación y la liberación de óxido nítrico a nivel del endotelio beneficiando las arterias.

Un orgasmo es:
  1. Colinérgico (relativo a las células o fibras nerviosas que emplean acetilcolina como neurotransmisor mediador químico a nivel de los centros nerviosos, indispensable para el normal funcionamiento de la actividad mental)
  2. Endorfínico productor de endorfinas, uno de los opiáceos naturales del organismo)
  3. Relajante: se dice que los diez minutos que siguen al orgasmo son los que se caracterizan por proporcionan un estado de absoluta y plena relajación

Estas tres características además parecen decretar un “toque de queda” que proporciona una función  reguladora del sueño. No solamente regula el sueño sino además regula el estrés ya que desaparecen los altos niveles de ansiedad y baja el cortisol.
En el hombre hay un valor agregado ya que el acto sexual equilibra los niveles de testosterona, una hormona que predispone y motiva el deseo.
En la mujer ayuda a regular el ciclo menstrual cuando tienen sexo una vez por semana (según un estudio realizado por la universidad de Columbia de EE.UU.)

CONCLUSIÓN

Una buena actividad sexual beneficia lo físico, lo psíquico, lo emocional y previene enfermedades.
Además no olvidemos que quedó atrás el objetivo directo de la reproducción. Su funcionalidad es amplia, de formas individuales y sociales complejas, las cuales se desarrollan y descubren la profundidad, diversidad y lo particular de la personalidad humana.
Todas estas funciones conductuales relacionadas con la esfera sexual, que se distingue por una intensidad emocional especial es el aspecto placentero de la sexualidad.
Sin discusión alguna desde que la neurociencia descubrió el centro del placer en el núcleo Accumbens.
Adelanto bienvenido, sobre el pasado no muy distante cuando la conducta sexual era explicada comúnmente en términos freudianos o peor aún moralistas.